Al hablar de testosterona, la mayoría hace referencia a la hormona masculina, aquella que es responsable de su virilidad y vigorosidad, pero también está presente en las mujeres. El cuerpo femenino la sintetiza en menor cantidad, pero no por esto deja de ser importante.

En el caso de los hombres, esta se produce en los testículos principalmente, mientras que en las chicas ocurre en los ovarios, con niveles normales de 20 a 50 ng/dl. Cuando por alguna razón descienden se empiezan a experimentar desajustes hormonales y es allí donde podrían acarrear algunas consecuencias.

Sintomatología de baja testosterona

Los picos máximos de testosterona en la mujer ocurren durante su pubertad y claro en la etapa del embarazo. Luego, con la llegada de la menopausia empiezan a descender de forma natural, haciendo necesario el consumo de suplementos. Sin embargo, son muchas las que en edad aun reproductiva empiezan a sufrir deficiencias repentinas de esta hormona y algunos malestares que llegan a intensificarse de acuerdo con cada caso.

Entre los más habituales destacan:

Cansancio extremo o fatiga

Los llamados bajones de energía son de los principales síntomas que la mujer va a experimentar. Es sobre todo por las mañanas al momento de salir de la cama, costándole cada vez más. En otros casos, podrá sentirse somnolienta, aun y cuando esté durmiendo las horas necesarias.

Problemas para dormir

Al contrario del síntoma anterior, una gran cantidad de mujeres llegan a experimentar trastornos en sus patrones de sueño. Algunas podrán sufrir de insomnio, apnea del sueño o despertarse varias veces durante la noche sin ninguna razón aparente, haciendo difícil volver a dormir.

Aumento de peso repentino

Si se está atravesando por algún desajuste hormonal, muchos tienden a experimentar cambios en su peso y en las mujeres es aun más común. Cuando hay testosterona baja los niveles de colesterol aumentan y el tejido muscular se va desgastando, esto irá acompañado con el incremento en la acumulación de grasa en la zona de la cadera y el vientre, aun y cuando mantenga sus mismos hábitos alimenticios.

Pérdida del apetito sexual o libido

La pérdida de apetito sexual es común a medida que las mujeres van entrando en años. Cuando tienen un déficit hormonal tienden a experimentar desinterés por la intimidad, aparte de otros cambios más agresivos como reducción de la líbido que entre otras cosas produce sequedad vaginal crónica y el sexo se vuelve muy doloroso y nada placentero.

Cambios de humor extremos

Cambios de humor repentinos como depresión profunda o una alegría exagerada son indicadores de que se está sufriendo déficit de testosterona. Esta hormona interviene en procesos del cuerpo como la concentración mental y la regulación emocional.

Desorden menstrual

Períodos menstruales desordenados y en algunos casos ausentes por completo, incluso por varios meses seguidos, son el resultado de falta de testosterona. En otros casos las mujeres experimentan síntomas relacionados con la menopausia como sofocos y sudoración excesiva, en especial por las noches.

Cómo prevenir la testosterona baja

Al ver la importancia de la testosterona en el equilibrio natural femenino, resulta necesario mantener unos niveles saludables. Para lograrlo hay alternativas que van de la mano con productos como suplementos y algunos tratamientos médicos. Sin embargo, hay opciones naturales y más sencillas de lo que cualquiera pensaría para aplicar desde casa.

Entre las más efectivas se pueden mencionar:

Hacer ejercicio continuamente

El ejercicio es una de las prácticas más saludables que puede realizarse, aparte de que ayuda a prevenir algunas enfermedades, también actúa en el aumento y regulación hormonal. De acuerdo con diferentes estudios, las personas que lo realizan de manera regular mantienen los niveles adecuados, aun teniendo una edad avanzada.

Hay algunos ejercicios que resultan más beneficiosos como el levantamiento de pesas, con resultados a corto y largo plazo.

Aumentar el consumo de grasas buenas y proteínas

Tener buenos hábitos alimenticios es imprescindible para cualquiera. Comer grasas saturadas y azúcares en exceso puede llegar a modificar los niveles de esta hormona. Los especialistas recomiendan aumentar la ingesta de proteínas magras y grasas buenas como el aguacate, los frutos secos y por supuesto la mayor cantidad de vegetales posible.

También es recomendable cambiar las harinas por aquellas que sean integrales, de modo que se mantenga una especie de equilibrio saludable.

Reducir el estrés

El ritmo de vida actual puede acarrear en una serie de consecuencias a la salud, como por ejemplo el estrés. Se ha determinado que el efecto de este en el organismo provoca algunos malestares como gastritis, problemas de sueño y hasta hipertensión.

Algunos estudios le atribuyen al estrés aumento de la hormona cortisol, encargada del metabolismo de las grasas y fortalecer el sistema inmune, entre muchas más funciones. Esto producirá ansiedad por el consumo de alimentos procesados, que a su vez reducen los índices en el organismo. Es como si de una cadena se tratase.

Tomar el sol o consumir vitamina D

Pese a que poco se hable de ello, la mayoría de la población tiene deficiencia de vitamina D que es recibida de forma directa por los rayos del sol y a través de algunos alimentos. Incluir suplementos en la dieta permite aumentar los niveles de testosterona hasta en 25%.

No se trata de pasar horas al sol, solo es cuestión de aumentar un poco la exposición a este, siempre con la debida protección. En adultos mayores, el aumento en la vitamina D también ayuda a mejorar la salud de los huesos.

Dormir más

Mantener unos hábitos adecuados de sueño es igual de importante como hacer ejercicio o seguir una dieta saludable. A nivel hormonal puede tener efectos positivos sobre la producción de testosterona en el organismo. Según los especialistas, las personas que apenas duermen cinco o menos horas cada noche, podrán experimentar una disminución de hasta 15% de la testosterona.

Si bien la cantidad de sueño necesaria no es igual en todos, la recomendación es tratar de hacerlo entre siete y diez horas diariamente. Por cada hora extra de sueño, la acumulación de testosterona aumenta de forma considerable, incluso por encima del 10%.

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